Web José Vílchez Terrón

Órgiva, Junio de 2008

Las Quiebras

La finca, Las quiebras, se encuentra a mil ochocientos metros de altura, en la sierra de Dúrcal, Granada.

Esta finca, fue de mis padres, y desde hace unos treinta y cinco años, funciona en ella, una comunidad de cristianos, dedicada a intentar sanar de sus males, a drogadictos, alcohólicos y otras personas con problemas diversos.

Seguramente hay muchos centros de este tipo, tanto financiados por el gobierno, por entidades privadas, o simplemente, por algún grupo de personas que siente esta vocación.

Yo, me voy a referir a esta comunidad, porque es la que más conozco, y también, por su peculiaridad.

Al estar a mil ochocientos metros de altura, y con una carretera sin asfaltar, sólo vehículos todo terreno, camiones y algún turismo de gran cilindrada, son los que pueden llegar hasta la finca. Esto hace que quede bastante aislada, y halla que tener muchas ganas de estar allí, o tener una necesidad muy acuciante, para afrontar ese aislamiento durante un periodo largo de tiempo.

Otra peculiaridad, que la hace diferente, es que todos los que están allí son vegetarianos y no permiten que nadie lleve nada de carnes, pescados ni embutidos. Tampoco permiten el alcohol.

Lo que si me ha llamado la atención, es que, si bien los componentes del grupo, que atiende este centro, no fuman, si que a los internos, les permiten fumar, eso sí, fuera de las instalaciones cerradas.

Otra cosa que llama la atención del visitante, es el cobro de los servicios prestados. No cobran nada. Tanto si eres rico como si eres pobre, tanto si estas sólo dos días, como si estás un año, o dos. Los hay que tienen que estar hasta dos años para su recuperación, pues bien, no pagan nada. Eso sí, allí, en esa finca, todo el que esté, tiene que colaborar en los trabajos. Estos trabajos suelen ser de tipo agrícola, pero también los hay de carpintería, pintura, cerrajería, albañilería, etcétera. Los edificios son sencillos, pero hay que conservarlos, y esto requiere, casi, una constante dedicación a los mismos. Según nos dice, el director de este centro, el cura don Manuel, (que ya tiene 74 años). Estos trabajos, forman parte de la terapia, para la recuperación de los que allí acuden con sus problemas y con ansia de quitárselos de encima.

Antes de que suban a la finca los pacientes, don Manuel, les hace una entrevista, tanto a los que han de subir para recuperarse, como a sus parientes más cercanos. Él dice que esto es imprescindible, para tomar una primera toma de contacto, y ver las posibilidades reales que hay, de recuperación de estos pacientes.

Los hay de todos los tipos, pero el grupo más numeroso de los que allí acuden son; drogadictos y alcohólicos. Algunos no pueden aguantar el tirón de los primeros días, se bajan pronto; no obstante, suelen intentarlo de nuevo. En otros centros, es posible que no sea tan dura la cosa, para el que está metido en la droga, pero cobran dinero como es lógico, y no todos los bolsillos pueden costearlo.

A pesar de la religiosidad de sus dirigentes, a ninguna, persona de las que están en la finca, intentando recuperarse, se les obliga a acudir a los oficios religiosos que allí se hacen. Tampoco a los que vamos de visita para unos días, nos obligan a nada semejante. El participar o no, en los ritos religiosos que allí se celebran, es totalmente voluntario. Lo pude comprobar el otro verano cuando estuve allí unos días. Uno de los muchachos que había allí, acudía a todos los oficios religiosos, sin embargo, el otro muchacho y yo, no acudíamos a ninguno. Jamás vi por parte de nadie, hacer diferencia alguna en el trato, ni forzar ninguna situación que condujera a contrariar la voluntad del interno o visitante.

La conservación de los alimentos, también sorprende un poco. Estos están metidos en una, especie de cueva, donde se conservan frescos, aún en pleno verano. Los que usan más a menudo, los tienen dentro del cortijo, con una ventana abierta, protegidos por una mosquitera, la verdad es que no necesitan ninguna nevera para conservarlos en perfecto estado.

La finca es grande y ahora tiene muchos árboles, por lo que leña no les falta. Los árboles que suelen producir fruto son: Los nogales, los cerezos y los peros o manzanos. Digo suelen producir, porque a esa altura en que se encuentra la finca, hay años que se hielan y no recogen ningún fruto de estos árboles. El año que no se hielan, la verdad es que es una bendición y sobran cerezas, nueces y manzanas, las que suelen intercambiar por otros frutos, o bien, regalan el sobrante a amigos conocidos o visitantes. Nunca venden ningún producto de los que ellos producen. Tampoco admiten dinero que se les dé directamente. Si quiere colaborar con dinero, tendrá que ir a la casa que tienen en el pueblo de Dúrcal, y, cuando ellos no le vean, depositar en el buzón lo que quieran. No hay otro modo de hacerlo, si le ven, o localizan de quien es ese dinero, se lo devolverán. Lo sé por propia experiencia.

Un día, hace muchos años (35), más o menos, vino don Manuel y me dijo:

—Toma este dinero, es tuyo y te pertenece.

—¿Cómo estás tan seguro de que es mío, si nadie me ha visto echar nada en tu buzón?

—Es sencillo —me contestó—, en Dúrcal, nadie echa estas cantidades y tú hace muy poco tiempo que estuviste allí.

Es así, y sorprende, pero la verdad es que funciona. Según don Manuel, es la única manera que él tiene de no deberse a ninguna persona en concreto, ni tener compromiso con nadie. Si él cree que alguien tiene que estar, estará, y si no es así, no estará, a pesar de todos los pesares. Él, asegura, que es la única manera de ser totalmente libres, para tratar a todo el mundo por igual. No aceptando ni dinero, ni regalos, ni nada que se le parezca.

Cuando uno ve lo que pasa hoy con algunos políticos, la verdad es que llama la atención esta manera de proceder de don Manuel, creo que él tiene toda la razón, y, además, de ser muy cristiana esta manera de proceder, es muy eficaz en todos los sentidos.

Un abrazo para todos.

José Vílchez Terrón

La ermita de Las Quiebras, vista desde el cortijo principal, en Sierra Dúrcal

Finca Las Quiebras, en la Sierra de Dúrcal, donde multitud drogadictos, alcohólicos y gentes con problemas de toda índole se han restablecido y recuperado bajo la dirección y cuidados de Manuel y Angustias Vílchez.

2004 Manuel Vílchez en su campo de Las Quiebras, Sierra de Dúrcal

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