Web José Vílchez Terrón

Órgiva 30 mayo de 2022

Mis hermanos

Cuando murió mi padre éramos cinco: Diego el mayor, Francisco, Angustias, Manuel y José el menor. Este último soy yo.

Cuando mi madre murió ya éramos cuatro, pues Francisco había muerto en un incendio en la Sierra de Dúrcal. Según dice mi hermana Angustias fuimos en total nueve hermanos, lo que pasa es que al ser yo el menor no tuve conocimiento de los hermanos que murieron antes de yo nacer. Sí recuerdo a mi hermano Francisco, pero muy poco, pues yo debería tener unos seis años cuando él murió.

Mi hermano Diego, como he dicho, es el mayor y murió a los 92 años en Barcelona, hará unos 4 años. Mi hermana Angustias aún vive, en agosto cumplirá 89 años. Mi hermano Manuel en noviembre hará dos años que murió.
Yo aún estoy vivo y la verdad es que no se el porqué. En diciembre cumpliré 85 años.

Hoy quiero hablar de mi hermano Manuel y mi hermana Angustias.

De pequeños mi hermana Angustias nos hacía sacar todas las sillas del comedor al patio para poder barrer más fácil y mejor. Este trabajo lo hacíamos a regañadientes mi hermano Manuel y yo. Recuerdo que mi madre decía:

—¡¡Un día de estos voy a vender todas las sillas!!

Mi hermano Manuel y yo, de pequeños y de jóvenes, nunca nos llevamos bien. Él tenía un complejo de superioridad muy fuerte que le hacía exclamar:
—¡¡¡Soy el mejor en todo!!!

Yo, por mi parte, me defendía como podía, pero acabé con complejo de inferioridad. Siempre salí perdiendo. Cuando él se fue al servicio militar yo me hice cargo de la casa y la finca de la Sierra, pues mi hermana Angustias tenía que cuidar a mi madre que enfermó. Mi madre murió estando mi hermano aún en la Mili, al que le dieron un permiso y pudo llegar a tiempo de verla aún con vida. Cuando mi hermano se licenció yo le pregunté:

—¿Sigues pensando que eres el mejor en todo?

—No —me respondió—, otros en el servicio militar me superaron.

En este momento de nuestras vidas nos separamos; yo me fui a los paracaidistas y él se fue a Barcelona. Pasados dos años, yo acabé el servicio militar y me vine al pueblo. En esos dos años mis hermanos vendieron la finca de la Sierra para poder pagar las deudas contraídas por la enfermedad de mi madre. Yo pensaba irme a Alemania a trabajar, pero mi hermano Manuel me escribe y me propone que nos fuésemos, mi hermana Angustias y yo, a Barcelona, diciéndonos que él nos buscará trabajo. Yo me vine de los paracaidistas en septiembre de 1960 y en diciembre de ese mismo año, mi hermana y yo, nos fuimos a Barcelona.

Mi hermana se puso a trabajar en la Cruz Roja de celadora, allí estaba mi prima Josefa de monja. Más tarde mi hermana también se hace monja y estuvo cuidando niños en San Cugat del Vallés. Mi hermano Manuel y yo estuvimos un tiempo viviendo juntos en la calle Travesera de Gracia. Un día por la tarde mi hermano me dijo:

—José, he pensado que no me voy a casar.

—Se lo habrás dicho a Carmela, tu novia.

—Sí —me respondió—, le he escrito una carta explicándole los motivos de mi decisión.

Los dos pensábamos casarnos el mismo día con muestras respectivas novias y vivir en el mismo piso que estábamos buscando para comprarlo. Yo lo notaba nervioso y que ninguno de los pisos que mirábamos le convenía, pero no dije nada hasta este día. A partir de aquí él se fue a vivir al Centro de Sans, y yo me quedé en la habitación sólo.

Mi hermano Manuel y mi hermana Angustias me dejaron la parte que les había correspondido de la venta de la casa del pueblo de Dúrcal. Esta casa se la quedó mi hermano Diego, que más tarde la vendió y también se vino con su familia a Barcelona.

Yo compré un piso a plazos en la calle Maresma, en Barcelona; me casé en Dúrcal con Carmen, mi novia de siempre y nos instalamos ya casados a ese piso. Con nosotros vivió mi hermano Diego unos nueve meses antes de traerse su familia a Barcelona.

Mi hermano Manuel vivía muy a fondo su vocación de ayuda a los más pobres: Drogadictos, borrachos, presos que salían de la cárcel y les proporcionaban trabajo. Este centro de Sans lo dirigía el sacerdote Mosén Pere.

Mi hermano, a los pocos años, tuvo una crisis de nervios por ese trabajo y dejó el centro un tiempo. Trabajó en la fábrica de televisores Iberia tres semanas y lo dejó. Estuvo haciendo prácticas de taxi con su amigo Manolo Gutiérrez, pero no llegó a trabajar en este trabajo. Se reincorporó al Centro de Sans y allí estuvo hasta que se vino a Dúrcal. Un día me llamó por teléfono y me dijo:

—Varias veces nos has dicho a Angustias y a mí de devolvernos el dinero que te dejamos y nosotros nunca lo hemos querido. ¿No es así?

—Sí, así es.

—Pues mira, me gustaría que nos compraras la finca de la Sierra. Ya he hablado con José «bigotes» y está de acuerdo en venderla. Él te llamará por teléfono y te dirá el precio.

—Vale, de acuerdo, ya le haré una transferencia por el importe que me diga.


Mi hermano Manuel no me dijo el precio y yo pensaba que él lo había tratado con José «bigotes». Años más tarde me dijo que no trató el precio, solo hablo con él para convencerlo de que le vendiera la finca. José «bigotes» me llamó por teléfono y me dijo que la finca él creía que valía 100,000 pesetas. Yo le pedí el número de su cuenta del banco y le hice una transferencia por ese importe.

Mi hermano Manuel quería la finca para hacer lo mismo que estaba haciendo en Barcelona, pero aquí en la Sierra de Dúrcal. Le pidió a mi hermana que dejara las monjas y se viniera con él para ayudarle en el proyecto. Mi hermana aceptó, se fue con él a la finca de la Sierra y ha sido durante 30 años el sostén de la comunidad Las Quiebras. Así es como mi hermano Manuel la llamó, ya que la finca siempre tuvo ese nombre: Quiebras.

Mi hermano ha sido éstos 40 años un referente en santidad y entrega al servicio de los demás. Todos conocen mejor que yo los frutos que esa entrega y esa vocación han dado de sí. Cientos de drogadictos, alcohólicos y gentes con problemas de toda índole se han restablecido y recuperado en esta finca. Tanto mi hermano Manuel como mi hermana Angustias, han trabajado sin descanso durante estos años para hacer posible esa realidad.

Hace unos nueve años mi hermana sufrió una caída en la finca. Fue trasladada en helicóptero a Granada y nunca se recuperó del accidente. Hoy vive en una residencia de Granada.

Un día que subí a la Sierra, mi hermano Manuel me dijo:

—Mi esperanza es que muestra hermana Angustias se recupere, de lo contrario tendré que abandonar el proyecto «Las Quiebras». Yo, sin ella, no puedo seguir aquí, su trabajo me es imprescindible.

Cuando José “el catalán” murió, que también colaboraba en la finca como conductor, a mi hermano no le quedó otro remedio que abandonar el proyecto. En el año 2010 hicieron testamento a favor del Arzobispado de Granada cediéndole todos sus bienes al mismo, incluida la finca Las Quiebras. El arzobispo lo envió cómo sacerdote a Orgiva, pueblo donde yo resido. Mi hermano Manuel, de sacerdote en Órgiva, tuvo varias caídas y una operación en la cadera.

Al final, estuvieron los dos en la misma residencia de Granada un año. Mi hermano Manuel cogió el COVID, muriendo a los pocos días, el 25 de noviembre de 2020. Mi hermana continúa en la residencia y conserva bastante bien la memoria, aunque últimamente se le nota algo más despistada.

 

José Vílchez Terrón

Foto de la familia Vílchez en 1935. Los padres de José Vílchez y sus hermanos: Diego, el mayor; Manuel en brazos de Rosa, su madre; Angustias en brazos de Francisco, su padre, y a su lado Francisco, el hermano que murió en un incendio en la Sierra de Dúrcal. José no nace hasta 1937.

Diego, Angustias, José y Manuel Vílchez Terrón

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